Hola lectores y lectoras. Permitidme invitaros a un programa doble de suspense y ciencia ficción:
Si te reíste con Teléfono rojo. Volamos hacia Moscú, si te mordiste las uñas con Última llamada, si el erizo de Génesis te convenció para hacer "La llamada del ahorro", prepárate para acojonarte viendo Teléfono maldito.
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Un individuo recibe una carta de su compañía telefónica (Jazztel) indicándole que la gratuidad en sus llamadas nacionales se verá sustituida por la tarifa de 1 céntimo/minuto.
Ante lo que considera una inaceptable alteración del contrato firmado, el individuo decide llamar al número de información de la compañía para informarse. Es atendido por una amable señorita que le comunica que se trata de un error, que el cambio de tarifas no afecta a los clientes con su tipo de contrato (ADSL hasta 20 megas -¡ja!- + Llamadas), así que puede realizar tantas llamadas a fijos como quiera sin coste alguno.
Y así es, ya que el individuo recibe la visita de su madre y entre los dos realizan un buen número de llamadas durante el mes siguiente.
Pero un día, al abrir el buzón, una carta de la compañía telefónica más abultada de lo normal dispara todas las alarmas. El individuo rasga el sobre y comprueba cómo ha sido víctima de una estafa en toda regla, ya que sí se han aplicado las nuevas tarifas. ¡Horror! ¡Desesperación! ¡Impotencia! ¡Ruina!
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¿Qué os ha parecido? Una historia bastante trillada, ¿no? Desafortunadamente se han hecho demasiadas películas con argumentos similares en los últimos años: compañías telefónicas perversas y ruines que te atraen con caramelos envenenados, y una vez dentro te atrapan en una espiral de ardides y triquiñuelas de los que no te dejan escapar hasta que no lo has perdido todo en el camino: la esperanza, la razón y tu dinero.
Pero la segunda película que os presentamos es todo lo contrario: un derroche de originalidad, algo nunca visto en sus pantallas.
Si te enamoraste viendo El cartero y Pablo Neruda, si leíste los subtítulos de Cartas desde Iwo Jima, si eres más de comer a la carta que de menú del día, ésta es tu película: La carta reveladora.
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Un individuo que ha sido vilmente timado por su compañía telefónica se levanta una mañana dispuesto a llamar para hacer la correspondiente reclamación. Pero sabe cómo acabará todo: las telefonistas le pasarán de un departamento a otro, él tendrá que explicar la historia decenas de veces, y nadie se hace responsable, hasta que finalmente le cuelgan "accidentalmente" al pasar su llamada a otra sección o, con suerte, le dan un número de incidencia que luego no constará en su base de datos, y si consta, lo mismo da. Él ha perdido su dinero y lo sabe.
Como el individuo no está dispuesto a empezar la semana con un cabreo descomunal, decide llamar más tarde, y dedicar la mañana a las otras cosas que tiene que hacer, así que sale a la calle, dispuesto a ir al banco, a hacer la compra, a la papelería, etc. Al llegar a su buzón se detiene y comprueba si ha recibido alguna carta. Y la ha recibido. De su compañía telefónica. La abre y se encuentra con el siguiente texto:
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Sorprendente, ¿verdad? Insólito, asombroso. Un giro de guión que hará palidecer de envidia a los finales de El planeta de los simios, Sospechosos habituales o Testigo de cargo: una compañía telefónica que identifica un error cometido por ellos mismos, y de motu proprio, sin reclamación ni nada, lo admite y devuelve el dinero a su cliente.
No me digáis que no es la historia más innovadora que habéis visto en mucho tiempo.
Esta vez sí, esperamos con impaciencia secuelas, sagas, remakes y todo tipo de imitaciones. A ver si cunde el ejemplo.
Etiquetas: Pajas mentales